martes, 4 de diciembre de 2007

Desde afuera.

No era época de lluvias, aquí en el bajío hacía frio, los noticiarios hablaban de los pronósticos, mas de cincuenta frentes fríos para este invierno que no terminaba de inciar.

Llegué retrasada a la oficina pero aún era temprano, inicié la regular plática del messenger, oficinista aburrida con ganas de saludar a los buenos amigos del añorado sur.



"No para de llover"" tercer par de zapatos mojados""Tlaloc ya párale no?" eran los títulos de varios amigos en sus mensajeros instantaneos, todos tabasqueños. Empecé a bromear y a decirles que era una lluvia más de las que se acostumbran por allá. Todos encerrados chateando porque no dan ganas de salir, me decían.

No había más que esperar que pasara el frente frío, no era novedad y yo aqui desde lejos recordaba mis peculiares días de lluvia, cuando vivía en Tabasco.



Volví a la mañana siguiente a mi rutinario oficio, la computadora, un café caliente y de nuevo al chat. No habia nadie conectado, solo un amigo que me decía que la cosa estaba a punto de reventar, que ya esto era noticia nacional y debía enterarme de lo que pasaba. Esa noche prendi la caja maldita, miré las noticias y se alertaba a la gente porque el malecon que conduce al río grijalva, estaba por estallar.

Cancion hundida.


Si un día fuí calles
esperas de jacinto
la ruta del camión.

La muchachada
zona de luz
y fui el bambú
y otras cosas más,
qué se yo.

Era el racimo
la alegria hecha masa
la vida húmeda
mi muerte segura.

Todo menos miedo
desahuciados siglos
costra maldita
de humanidad doliente.

Dejó de sonar a fiesta
de bailar las caderas.
Canción que se hundío
en un cuento de corrupción.

Lagrimitas.