En la memoria escrita de los micro y macro machismos, está la miscelánea.
Dijo el tendero que no había guantes de hule más grandes, que para asegurarse de vender los correctos, los midió con las manos de su esposa y de ahí calculó las medidas: una menos a la de su esposa, y una mayor por si las dudas.
El tendero nunca pensó en utilizar la medida de su mano también,
asumió que los guantes de hule los compran las mujeres
las que lavan los platos, la ropa, los baños, la mugre, la podredumbre.


