
La Princesa Tobogán quiere que le hagan un pastel, con adornos de sabores y una flor en medio de miel.
La princesa busca desesperadamente un panadero artificial, que no le pida matrimonio por hacerle su pastel.
La princesa sube a un caballo, le echa a andar y corre, corre hasta que le salen escamas y toman la vía rápida del mar.
El caballo dice que los mares siempre tienen un buen repostero, resolviendo que un crustáceo no puede casarse con una princesa.
El caballo recomienda entonces a la princesa iniciar la búsqueda del pastelero, navegando y buscando, buceando y bailando.
El caballo se cansa y ella también pero en un arrecife los recibe una familia de moluscos, con trombones y serpentinas de anguila.
Los moluscos ofrecen sushi, ceviche, vuelve a la vida y el clamato como bebida oficial, haciendo fiesta y reverencia.
Los moluscos se enteran de los postres-planes de la princesa y forjan un plan de ayuda para resolver la misión.
Los moluscos guardan al caballo y a Tobogán en una caracola madura y los deslizan por los arrecifes del fondo del mar.
No sabemos nada de la princesa ni del caballo aún, parece que se enamoraron del mar y no quisieron regresar nunca mas.
No se sabe cual fue el plan de los moluscos, hacia donde los llevó la caracola que gritaba todo el tiempo la misma oración.
No puedo terminar este cuento, pero tu puedes convertir este pastel en saxofón, que radiante para siempre te sonreirá.